La relación entre el cómic y el mundo del arte ha sido siempre tensa y ha estado llena de condescendencias…

En 1990, Kirk Varnedoe organizó en el MoMA (Museum of Modern Art o Museo de Arte Moderno de Nueva York) una exposición titulada High and Low: Modern Art and Popular Culture. El objetivo de dicha exposición fue explorar la influencia del arte contemporáneo en nuevos tipos de formatos populares que no hubieran sido estimados por instituciones académicas, tales como la caricatura, el grafitti y el cómic (Varnedoe 153-230).

En aquel entonces, la exposición cosechó críticas tanto del sector más tradicional –que no consideraba estos nuevos formatos como formas de arte (Hughes, 1990)–, como de expertos especializados en esos nuevos tipos de formatos populares –que consideraban que la exposición relegaba el valor de su trabajo a arte menor de la cultura popular–.
En el mes de diciembre del mismo año, la revista Artforum publicó una página de cómic de Art Spigelman titulada «High art Lowdown: A project for Artforum» (Spigeleman, 2014, 2:115) donde criticaba duramente la exposición antes mencionada.

Imagen 1: «High art lowdown: A project for Artforum». Artforum 29. (Dec 1990), 115.

Lo que Spiegelman criticaba de High and Low era, principalmente que, aunque el cómic hubiese entrado en, lo que Rancière llama, «Los espacios del arte» (Rancière, 2005), no había conseguido ser definido como arte en sí mismo. De hecho, no había entrado en el espacio de la institución legitimadora del arte, más que como una presentación abstracta del cómic, arrebatado entonces de todos sus elementos fundamentales. Claramente, se refería a las obras de Roy Lichtenstein (junto a Andy Warhol, uno de los representantes más relevantes del arte pop). Una de las cosas por las que es más conocido Lichtenstein es por unas series de reproducciones de viñetas de cómics sobre lienzos. He aquí el problema: hablar de estos trabajos no implica realmente hablar del arte en el cómic ya que, aunque podemos considerar estas reproducciones de viñetas como obras de arte, no podemos considerarlos cómics, sino imágenes.

Imagen 2: Whaam! Litchenstein, Roy (1963)
Imagen 3: All American Men of War #89, Haney, Bob (w), Hank Chapman (w), Irv Novick (p), Jerry Grandenetti (i e p), Robert Kanigher (w), Russ Health (p) (1962).

En 2007 se citó la siguiente afirmación de Spiegelman en el artículo «Spiegelman Goes to College» de la página web de la revista Publisher Weekly: «[Roy] Lichtenstein no hizo más o menos por el cómic que Andy Warhol hizo por la sopa» (Sanderson, 2017: 3). En esta línea, Robert Storr, quien sería conservador jefe de Pintura y Escultura del MoMA en aquel entonces, diría del ataque de Spiegelman a la exposición lo siguiente:

…en el momento de la inauguración de la exposición no resultaba muy difícil entender por qué Spiegelman y a su cohorte de dibujantes les disgustaba tanto el tratamiento que ellos y su medio habían recibido por parte de los expertos de la calle Cincuenta y tres. A fin de cuentas, como Spiegelman y otros críticos declararon, ninguno de los cómics originales citados en las obras de Roy Lichtenstein, Andy Warhol, Öyvind Fahlström y otras estrellas del «arte elevado» de la exposición se mostró como objetos con mérito intrínseco (2:131).

Mucho tiempo ha pasado desde entonces y, aunque El Diario Montañés le dedicara también un artículo a Spigelman en 2017 (coincidiendo con su visita al Museo Reina Sofía de Madrid) titulado Art Spiegelman: «El cómic ya no es el hijo bastardo del arte» (Víctor Núñez, 2020), la relación seguía siendo tensa.

En septiembre de 2019 salió la noticia de que el Ministro de Cultura ruso tildaba de “imbéciles” a los adultos que leían cómics. Según sus propias palabras:

Los cómics son para aquellos que pueden leer mal. Tengo una actitud muy mala con los cómics”, aseguró. “Los cómics son como mascar chicle, como tú dices, esto no es comida. Los cómics deberían ser para un niño que solo está aprendiendo a leer, hasta los siete u ocho años. Pero que un adulto lea cómics es admitir que: ‘soy un imbécil, leo cómics’ (Quinteros, 2020: 3).

Cuatro años antes, el mismo país retiró de sus tiendas y librerías todos los ejemplares de Maus: Relato de un superviviente, obra más conocida de Art Spigelman y que le valió ganar el premio Pulitzer en 1992. El motivo por el que se tomó esta decisión fue la aparición de esvásticas en la portada, lo que se consideró una apología al nacionalsocialismo alemán en toda regla. Sin embargo, un pequeño detalle que obviaron fue que Art Spigelman es judío e hijo de padre polaco que, a su vez, fue superviviente de un campo de concentración cuya historia narra en dicho cómic.

Imagen 4: Maus: Relato de un Superviviente (1991).

En comparación con ello, menos grave es lo que ha ocurrido hace poco tiempo en nuestro país, sin embargo, no por ello carente de importancia, pues ha servido para reabrir viejas heridas entre el medio del cómic y el mundo del arte. Nuria Enguina, directora del IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), ha sido entrevistada por la revista valenciana Cartelera Turia. En dicha entrevista le preguntaron si tendría cabida el mundo de Cómic en el IVAM y su respuesta fue la siguiente:

La misión de este museo es el arte contemporáneo. La pregunta sería si es el cómic es arte. A mí me interesaría mucho que hubiera lugares donde se investigara sobre cómic, sobre diseño, fotografía, etc. Debe haber instituciones donde eso sea posible. ¿Va a estar el cómic en este museo? Tendré que verlo en el contexto de la programación y de la colección (Cartelera Turia, párr. 6).

La respuesta puede parecer, aparentemente, inofensiva, pero el hecho de llegar a preguntarse si el cómic es arte hoy en día conlleva un retroceso de varios pasos hacia atrás en la relación entre el mundo del arte y el cómic como medio (con todo el trabajo que ha supuesto avanzar en este camino).

Ya Will Eisner, en 1985, definía el cómic como arte secuencial, definición que Scott McCloud, en 1994, complementó añadiendo lo siguiente: «imágenes yuxtapuestas y otras imágenes en una secuencia deliberada». Esta última aportación permitía diferenciar el cómic de otras formas de arte secuencial, tales como el cine y la animación, ya que las imágenes en secuencia en estos medios artísticos y narrativos no se presentaban de forma yuxtapuesta, es decir, de una misma vez.

Alan Moore ya jugó con esa yuxtaposición en las composiciones de páginas de obras en las que explota los elementos formales y narrativos del cómic con el fin de conseguir efectos que no se pudieran replicar en otras formas de arte narrativo.

Todo esto muestra no solo unas definiciones del cómic como arte, sino como portador de una inquietud por experimentar con los elementos formales propios del medio que permitan hacer evolucionar la forma artística del medio. Esta inquietud no es solo propia de Moore, pues también se pudieron ver actos similares en artistas de la talla de George Herriman, Winsor McCay, Will Eisner o las mangakas del Grupo del 24 en los años 70.

Pero, todo esto parece surgir tan solo dentro del mundo del cómic. Entonces, ¿es posible encontrar un individuo externo del mundillo de los creadores de cómic que vean el cómic como una forma de arte y la defienda?

Desde la Universidad de Georgia, Aarón Meskin, profesor de estética y filosofía del arte, publica en la prestigiosa revista British Journal of Aesthetic un artículo titulado «Comic as Literature?». En este, define el cómic como «una forma de arte híbrida» por la combinación que en ella se dan entre elementos narrativos literario y elementos pictóricos. Ahora bien, es importante que esta mezcla dé lugar a un arte híbrido, no mixto. Es decir, una mezcla homogénea, no heterogénea, que convierta al cómic en un todo mayor que la suma de sus partes. Esto es importante porque implica que el cómic no sigue la suma de criterios de la literatura y la pintura, sino que cree sus propios criterios y reglas. De este modo, el cómic adquiere valor como forma de arte propia distinta al resto, y no por ser el hijo bastardo de otras disciplinas artísticas. Es así como el cómic se torna el Noveno Arte.

Por último, para defender la categorización del cómic como arte, se puede recurrir a lo que Ranciare exponía como «Los espacios del arte» (ya mencionados anteriormente). Estos actúan como espacios legitimadores del arte, gracias a la interacción de una institución académica legitimadora del arte: los museos.

Desde la exposición de High and Low: Modern Art and Popular Culture del MoMA en 1990 ha habido varias exposiciones de cómic en diversos museos. Por ejemplo, entre otras muchas:

Así que no. Ya no cabe preguntarse si el Cómic es arte, porque el Cómic ya se ha conseguido, a pesar de todos los obstáculos habidos y por haber en su camino, abrirse paso en el mundo del arte y, pese a quien le pese, el noveno arte ha venido para quedarse.

BIBLIOGRAFÍA

  • EISNER, WILL. Comics and Sequential Art. Florida: Poorhouse Press. Tamarac. 1985. Print
  • MCCLOUD, SCOTT. Understanding Comics: The Invisible Art. Nueva York: Harper Perenial, 1994. Print.
  • MESKIN, AARON. «Comics as Literature?» British Journal of Aesthetic, vol. XLIX, 3. (Jul. 2009), 219 239. Print.
  • MOORE, ALAN (w), DAVE GIBBONS (p e i). Watchmen. Nueva York: DC Comics, 1986 1987. Print.
  • MOORE, ALAN (w), J. H. WILLIAMS III (p e i). Promethea. Nueva York: America´s Best Comics, 1999 2005. Print.
  • RANCIÈRE, JACQUES. Sobre políticas estéticas. Barcelona: Museo de Arte Contemporáneo, 2005. Impreso.
  • SPIEGELMAN, ART. Maus: Relato de un superviviente. Barcelona: Reservoir Books, 2014.
  • — «High art lowdown: A project for Artforum». Artforum 29. (Dec 1990), 115. Print and Web.
  • VARNEDOE, KIRK y ADAM GOPNIK. High High & low: modern art [and] popular culture. Nueva York: The Museum of Modern Art (MoMA): Distributed by Abrams, 1990.

WEBGRAFÍA

Rafael Verdejo Román, alias Rafagast. Nacido en Granada, pero con unas profundas raíces almerienses y burgalesas. Supo que quería dedicarse a escribir cuando leyó El Corazón Delator de Edgar Alan Poe por primera vez con ocho años. Más adelante quiso hacer sus propios cómics, pero tras unas primeras pruebas decidió dedicarse a escribir sólo los guiones. Cuando descubrió que Alan Moore pasó por lo mismo dejó de sentirse mal por eso. Estudió Filosofía y estuvo de Erasmus en Francia el mismo año en que murió Jean Giraud Moebius (a día de hoy no se han encontrado pruebas que relacionen ambos hechos). Es el guionista y coautor del webcómic La Librería y autor del recopilatorio de relatos Misantropías. También está tratando de dejar de escribir de sí mismo en tercera persona, aunque no tiene mucho éxito en este aspecto…