Tus derechos como lector de autoedición


Llegas, medio engañada por tu novia, novio, personas a las que creías amigas o un mono de metal parlante al que sueles ver cuando estás a solas…, al pabellón de un evento en el que hay sección de fanzines o se dedica exclusivamente a difundir la autoedición. Por no parecer un agarrao finges que existe la posibilidad de que te lances a comprar algo, y recorres los pasillos y galerías con gesto de interés.

Hasta aquí, todo correcto, pero… ¿Y SI SE TE VA COMPLETAMENTE LA OLLA Y FINALMENTE DECIDES INTERCAMBIAR TU DINERO POR ALGÚN PRODUCTO CULTURAL AUTOEDITADO? ¿Qué puedes esperar a partir de ese punto de inflexión en tu vida? ¿Quién o qué va a protegerte desde ese momento aciago?

Con esta idea en mente, se me ha ocurrido que debería existir una Declaración de Derechos del Lector de Autoedición. Si los seres humanos tienen una, por qué ellos no, ¿eh? *Golpecito en el brazo* ¿Por qué van a ser menos? *Empujón* ¿Eh?

Por cierto, siéntete en la obligación con la libertad de compartirla, ampliarla, enmendarla y todas esas cosas que a Creative Commons le pone explicar…

Está libre de derechos

AL LÍO.

Como lector de autoedición tienes derecho…

  • A que el autor te aborde en cuanto te acerques a su mesa
  • A que le brillen los ojos solo con saber que has reconocido su existencia
  • A que te mire a la cara y te trate de tú a tú
  • A que te cuente un chiste malo, te haga sentir observado y quizá un poquito incómodo; ji, ji, ji
  • A que te escuche con cara de estar prestando atención mientras le cuentas tu vida y le hablas de tus vicios culturales
  • A emborracharte con él o ella o ellos a base de cerveza barata durante el festival
  • A seguirlo en Twitter y que te siga a ti. A que conteste a tus preguntas y retuitee tus vídeos de gatitos
  • A que la portada de su obra estire los dedos, te agarre de la oreja para que​ te detengas un segundo y lo aproveche para atravesarte los sentidos como el apéndice puntiagudo de un unicornio azul
  • A ojear y a hojear, a tocar, a oler y puede que incluso a lamer —consulta condiciones con el personal del stand de @NoEsUnHobby sobre esto último—
  • A que el papel huela a aventura, a descubrimiento, a mundo nuevo; a tarde perezosa en el sofá, a viaje en transporte público, a “¿vas a salir del baño de una puta vez?”
  • A que —casi— todo tu dinero se quede en las manos del autor y no un porcentaje irrisorio
  • A que tu ejemplar siempre camine con el lomo bien alto, orgulloso de la firma, el sello y el marcapáginas original que lleva dentro
  • A reírte con las faltas de ortografía que encuentres… o a indignarte
  • A fruncir el ceño con los fallos de maquetación
  • A sufrir por una tipografía un poquito incómoda
  • A entornar los ojos ante el pixelado de alguna que otra imagen no del todo bien tratada
  • A marearte con el moaré
  • A celebrar sin más el esfuerzo de alguien que ha trabajado solo, que se ha inventado su propio proceso de producción a partir de unos recursos limitadísimos
  • A tener en las manos su escuela, su ilusión, su sueño, su desesperación, su vulnerabilidad
  • A que nunca estés seguro de que vaya a editar la continuación
  • A que te sientas un poquito insatisfecho…
  • A no notar la diferencia de calidad con una edición convencional
  • A que te conviertas en el descubridor de un talento inesperado
  • A asomarte al imaginario y al bestiario de un completo desconocido
  • A reconocer en sus historias el reflejo de tus propios miedos y fantasías
  • A que los personajes pertenezcan a colectivos con siglas o, mejor aún, colectivos que ni siquiera se han definido; porque la norma, señores, es aburrida​ y esta sobrerrepresentada
  • A que lo políticamente correcto ni se haya contemplado como posibilidad
  • A que te despierte las ganas de sacar tus propias ideas del cajón

La autoedición es como la vida: variada, caótica, incierta.

La autoedición ES vida.

Ámala, ódiala, defiéndela a muerte o despréciala con toda tu alma; pero no permitas que te deje indiferente.

ES TU DERECHO.

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