Una introducción al worldbuilding


A estas alturas de la película a casi todo el mundo le suena esta palabra. La construcción de mundos es una herramienta poderosa y útil además de uno de los pilares en los que se fundamenta una buena obra narrativa.

Da igual si escribes sobre fantasía épica medieval o sobre ciencia ficción en un futuro postapocalíptico. La historia tiene lugar en un marco, y ese marco es tu mundo.

Hay quien escribe a partir de una premisa y tira para adelante sin conocer exactamente cómo va a desarrollarse la historia que está planteando. Hay quien escribe planificando la historia y los personajes antes siquiera de comenzar a escribir el primer capítulo.

Ya estiles de una u otra manera, ya avances siguiendo tu brújula o según un mapa, el worldbuilding será una más de tus herramientas. Quizá la desarrolles según avances, quizá la conozcas al dedillo, pero no la olvides nunca.

Y dicho esto, comencemos.

¿Por qué debo construir?

Tu mundo es un personaje más. Requiere personalidad, requiere descripción, requiere profundidad. ¿Necesitas saberlo todo de él? No a no ser que seas una persona obsesiva, pero tener un esqueleto te ayudará a saber los porqués, los cómos, los cuándos, los dóndes y, lo más importante, los paraqués. Si quieres un mundo redondo tal y como quieres personajes redondos, no dejes de lado la construcción de tu mundo.

Requiere una inversión de tiempo y esfuerzo, pero al final habrá merecido la pena. Tu mundo estará vivo, los lectores podrán sumergirse en él y empatizarán mejor con tus personajes.

Algunos de los errores más graves en una historia son las incongruencias dentro de la propia historia. Los lectores odian las incongruencias y muchas de ellas tienen que ver con cómo has diseñado el escenario. ¿Cómo es que todo el mundo acaba contactando con el gremio de asesinos en tu reino de ley y orden? ¿Por qué sigue habiendo escuelas de magia tras décadas de revolución industrial? ¿Por qué la Armada de la Deimocracia Galáctica no acaba con ese reducto de piratas espaciales que siempre están dando problemas? ¿Por qué insisten en construir castillos típicos cuando el enemigo tiene tropas montadas en dragones? Si esto pasa tiene que ser por una razón. Si no la das, los lectores no se creerán tu historia.

¿Cuánto debo construir?

Lo que necesites para la historia. Lo que necesites para el proyecto que estás desarrollando.

Un error básico al crear mundos es obsesionarse con los datos. No estás escribiendo la historia de un mundo, no estás creando un juego de rol de quince suplementos. Estás escribiendo una historia que los lectores quieren leer. ¿Les importa que hayas descrito al detalle las guerras de religión entre las naciones de un continente? No si no tiene relevancia en la historia. ¿Quieren saber las especificaciones técnicas de los nuevos cañones de plasma del acorazado de la Flota Imperial? Al noventa y cinco por ciento no le interesa nada de nada. Lo que quieren saber es qué les sucederá a los protagonistas.

Pero lo más importante: “¿Tú creas o escribes?”, dijo alguien. Necesitas un escenario vivo, no una colección de volúmenes de historia política, natural y geológica. No por saber a cuánto se paga el grano de café en un país a medio mundo de distancia de donde se desarrolla la vida de tus personajes, la historia va a ser mejor.

¿Qué debo construir?

Ésta es la pregunta más importante que te harás.

Si tu historia ocurre en un reino, dale vida a ese reino. Dale una historia, dale un par de leyendas, dale un sistema económico, dale una geografía. Da razones por las que la historia se desarrolla como se desarrolla y por las que los personajes se han visto envueltos en ella y actúan como actúan. Tienes una rata callejera como protagonista, sí, pero, ¿por qué vive así? La respuesta corta es “porque es pobre”. Pero, ¿cómo es la sociedad que le rodea que le ha obligado a ser pobre y robar lo necesario para sobrevivir? ¿Es una autarquía en la que todo es propiedad del rey? ¿Es una plutocracia en la que el poder está en manos de cuatro príncipes comerciantes?

Ahora, no te quedes ahí. Dicen que el diablo está en los detalles y que a los lectores tienes que entrarles por los ojos. Bueno, sí, la vista y el oído son importantes, pero no te olvides de los demás sentidos. ¿A qué huele tu reino post-industrial? ¿A qué sabe la comida de los cruceros hiperlumínicos? ¿Qué tacto bajo tus pies tiene la arena del Desierto de la Condenación?

Sí, crea fronteras, crea una religión, crea un sistema económico, crea guerras y crea héroes míticos. Pero no te olvides de lo que come la gente corriente o de lo que hace cuando sale de trabajar.

Cuando construyas tu mundo, intenta restringirte a lo que necesitarás, intenta adelantarte a aquello con lo que tos personajes interactuarán. Intenta crear un marco ajustado a tu historia… y dale color, textura y sabor.

¿Para qué debo construir?

Para hacer real el mundo. Real en tanto que se pueda experimentar con los cinco sentidos, no que cumpla con las leyes físicas y sociales de nuestro universo.

Construyes para la historia que quieres desarrollar, no para aprobar el examen de tu asignatura de Geopolítica Ucrónica.

Construyes para tus personajes, para que existan dentro de un escenario coherente consigo mismo.

Pero sobre todo construyes para tus lectores. Dales algo que puedan ver, oír, oler, tocar y saborear. Quizá no hayas descrito las fábricas de filamentos hiperconectores que permiten la comunicación instantánea entre puntos muy distantes del universo, pero tus lectores tienen que saber cómo son sin que se lo hayas dicho explícitamente. Y eso es así porque tu marco de referencia, tu mundo, ha sido construido de tal manera que pueden imaginarse algo que no has descrito. Mejor: algo que no necesitas describir.

Sergio Pardo

Escrito por Sergio Pardo.

Pucelano todoterreno y ochentero. Ambientólogo de carrera, cartógrafo de profesión, aikidoka de pasión y escritor de corazón. Hace unos años decidí coger el bolígrafo por los cuernos y educarme formalmente…

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