A modo de [auto] editorial: mitos de los guionistas de cómics


Dedicado a Rocío y a Paco, quienes me suelen pedir asesoramiento con los guiones.

El siguiente artículo es una síntesis de ciertas conclusiones surgidas en un hilo de Twitter de la mañana del once de mayo de 2017.

No hay mujeres guionistas

Sí hay mujeres guionistas. Muchas muy buenas como Leah Moore (El Juicio de Sherlock Holmes), Kelly Sue DeConnick (Bella Muerte) y Denise Mina (Hellblazer). Lo que ocurre es que no hay tanta percepción de su presencia. ¿Esto significa que el mundo del cómic es misógino, androcéntrico y patriarcal? Por favor, guardad las horcas y las antorchas para ver qué ocurre en el próximo Salón de Angulema —que los últimos años se ha visto implicado en temas sobre la visibilidad de la mujer en su concurso a mejor cómic (véase, más abajo, las referencias de Abella y Parkas)—. El mundo del cómic no es más misógino de lo que puede ser la sociedad en general. El problema es que el mundo del cómic es muy desconocido para el profano. Preguntadle a alguien no puesto en este mundillo que diga el nombre de tres dibujantes y guionistas importantes y no os sabrá responder. La representación del cómic en los medios es minúscula en comparación con otros temas de ocio como el cine, la música y los deportes. Incluso dentro de estos temas también se suele sesgar mucho (por ejemplo la sección de deportes de los noticiarios se suele concentrar en su mayoría en el fútbol —entrando en la mayoría de ocasiones en el cotilleo sensacionalista— quitándole espacio a otros deportes). Dentro de esa escasa percepción del cómic en los medios, los guionistas no suelen ser en los que se suelen centrar.

Lo que sí es cierto es que en esas raras ocasiones en que los medios hablan de mujeres que se dedican al cómic, generalmente se refieren a una dibujante, o a dibujantes que hacen sus propios guiones como Alison Bechdel (Fun Home: Una familia tragicómica) o Marjane Satrapi (Persépolis), y no a guionistas puras. Estas podrían ser una figura en el cómic altamente reivindicable, como unas virginias woolf de la posmodernidad.

Los guionistas escriben «lo que hay en los bocadillos»

Este mito deja al guionista como una figura que espera a que esté todo hecho para hacer una simple colaboración de dialoguista. Hay algo de cierto en esto, sobre todo por el método de trabajo que iniciaron Stan Lee y Jack Kirby en Marvel. Pero incluso en ese caso se trataría de una verdad a medias. El Método Marvel implica que el guionista escribe una sinopsis de lo que ocurre en cada página, el dibujante realiza un boceto y después añaden los diálogos según los espacios que han quedado en las viñetas. Este método aún se sigue usando en Marvel y DC, pero responde a una simple cuestión práctica. Estas empresas publican una gran cantidad de cómics nuevos cada mes (DC Comics estuvo una temporada publicando un total de cincuenta y dos líneas de cómics diferentes al mes). Aun así, este método no deja al guionista como simple dialoguista, ya que sigue teniendo que construir la historia y presentarla escena a escena y página a página mediante esas sinopsis.

Otras formas de guion de cómic precisan que el guionista tome el papel del director en el cine, dando directrices de composición de páginas, planos e información visual presentada viñeta a viñeta.

Los guionistas son vagos

Este mito está relacionado con el anterior, y es que a veces la gente se piensa que los guionistas escriben poco, cosa que es falsa —de hecho, a veces se escribe más en la documentación y presentación de proyecto de guión que en el guión en sí—. Aun así, hay que tener en cuenta que no es tarea fácil expresar a otro artista lo que tienes en mente para que pueda trasladarlo a imágenes, y que sea lo suficientemente claro para que el resultado sea lo más parecido a lo que habías pensado. Sobre todo si no se hace uso de la telepatía. Además del esfuerzo mental de encontrar la forma más clara de expresarte, toda historia, página e incluso viñeta ha de ser construida previamente en la mente del guionista. Todo guionista, antes de escribir una escena o página ha de responderse a una serie de preguntas. ¿Qué ocurre? ¿Qué idea quiero transmitir? ¿Qué emoción debería resaltar? ¿Qué consecuencias tiene todo esto? Una vez respondidas todas esas preguntas es cuando realmente está listo para escribir. Todo escrito, por pequeño que parezca, implica mucho tiempo de trabajo previo a este, la mayoría de las veces, de investigación y documentación aparte de la reflexión y meditación. Lo que la gente no entiende es que el esfuerzo mental también causa fatiga. Al fin y al cabo, la actividad de las neuronas también consume glucosa y aunque este agotamiento no sea del mismo tipo que el producido por una actividad física, sigue siendo fatiga.

La típica imagen del guionista que pierde el tiempo en su estudio jugando con una pelota (como haría el doctor Gregory House) no responde a la idea de una persona vaga, sino a una persona que está intentando aumentar sus pulsaciones para oxigenar mejor su cerebro, salirse de su bloqueo mental o simplemente mejorar la concentración de su procesos cognitivos mediante una actividad física.

Para ser guionista solo se precisa tener imaginación

A un arquitecto que solo tiene imaginación se le caen los edificios. Lo mismo ocurre con los guionistas. El guionista es un constructor de historias, escenas, personajes, escenarios, mundos… y estos tienen que tener sentido entre ellos o la historia cae por su propio peso. Es por ello que el guionista se vuelve una suerte de Doctor Jekyll y Míster Hyde entre su yo analítico y su yo creativo (dejo a vuestra elección decidir cuál es Jekyll y cual Hyde). El yo analítico supone inteligencia racional y esta se consigue mediante estudio y trabajo. El yo creativo implica imaginación y se consigue con… estudio y trabajo.

La imaginación no es un don mágico cedido por las Musas del Olimpo a unos pocos privilegiados nacidos cuando se alinean los astros —o que sean el séptimo hijo de un séptimo hijo—. Es la facultad de la mente de producir imágenes. Como todas las facultades del cuerpo y la mente, se pueden mejorar mediante la práctica. Los guionistas profesionales tienen una serie de trucos para entrenar su imaginación mediante juegos que cambian las tornas de aquello que se presupone o mediante el planteamiento de nuevos escenarios —por ejemplo: yo construí una vez una estructura de una historia en tres actos jugando con una baraja del Tarot—. El síndrome de la hoja en blanco no es más que un síntoma de no haber hecho los deberes y la típica frase de «Yo también haría esto, pero no tengo tanta imaginación» es la excusa del verdadero vago que no se esfuerza ni siquiera en soñar.

El guion en el cómic no es tan importante

Si el guion es bueno, el cómic será bueno. Esto es un condicional, y en lógica un condicional solo es falso si se da el antecedente —guion bueno— pero no el consecuente —cómic bueno—.

a b
1 1 1
1 0 0
0 1 1
0 1 0

Fig 1. Tabla de verdad del condicional lógico.

Además, aunque un buen guion salve a veces un mal montaje o a un mal dibujo, un buen dibujo no salva un mal guion. Un guion incoherente bien dibujado no deja de ser incoherente. Un guion bien hecho supone el cincuenta por ciento de un cómic bien hecho. Esto no quiere decir que el papel del guionista esté por encima deldibujante. El papel de uno no tiene sentido sin el otro, al igual que no hay software sin hardware. El guion y el dibujo han de estar en sintonía. Guionista y dibujante han de trabajar codo con codo (aunque a veces sean la misma persona).

A modo de [AUTO] conclusión

Ser guionista, como ser dibujante —o cualquier otro tipo de trabajo—, implica su esfuerzo y su faena. Hasta los actores porno tienen sus gajes del oficio, al fin y al cabo no viven en el País de la Piruleta —aunque el título de la película pueda sugerir lo contrario—.

Lo importante es que te guste tu trabajo y tratar con respeto el trabajo de los demás —siempre y cuando el trabajo de los demás no implique una violación de los derechos humanos, si vuestro vecino trafica con personas podéis ser todo lo cabrones que queráis con él1—.

1. Recordad que, aparte de ser todo lo cabrones que queráis con él, también hay que denunciarlo a la policía. No vaya a ser que con el jiji y el jaja se os pase y ya la hemos liado.

Referencias

Rafagast

Escrito por Rafagast.

Rafael Verdejo Román, alias Rafagast. Nacido en Granada, pero con unas profundas raíces almerienses y burgalesas. Supo que quería dedicarse a escribir cuando leyó El Corazón Delator de Edgar Alan…

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