EL EFECTO ÍCARO 


Título: El Efecto Ícaro
Editorial: autoeditado.
Guion: Sergio Gallardo.
Dibujo: Jonathan Cañamero y Sergio Gallardo (Efectos Secundarios).
Puede leerse en: https://efectoicaro.es/

Vamos a hablar de El efecto Ícaro, un cómic independiente que trata de dar respuesta a la pregunta «¿Qué harías si tuvieras superpoderes?». No es la pregunta más original a la que han tratado de responder el cómic y otros medios (a la que, por cierto, no hay una única respuesta, ya que cada persona haría cosas distintas[1]) pero, una vez más, lo importante no es la originalidad de la idea o la premisa, sino el enfoque y tratamiento que esta recibe.

Antes de hablar del tratamiento y enfoque de El efecto Ícaro, quiero dejar claro una cosa: nos vamos a ceñir solo al primer volumen impreso en papel, el cual consta de un prólogo de cuatro páginas, tres capítulos encadenados y una historia aparte (Efectos secundarios) que no está separada del universo ni del canon, pero que cambia por completo el tono de la historia. Durante esta reseña, hablaremos del prólogo, los dos primeros capítulos y algún detalle de pasada de Efectos Secundarios. Se hará así para tratar de reducir al máximo el peligro de spoilers.

Empezamos el prólogo en un teatro donde nos encontramos a un científico con una máquina a su espalda mientras recita un discurso megalómano. Ya esa imagen nos cuenta, sin necesidad de prestar atención al diálogo (o monólogo) del personaje, dos datos muy importantes: 1. El científico y la máquina nos dicen de dónde vienen los poderes de los personajes, no es una historia sobre resolver el misterio de un fenómeno milagroso que ha creado superhumanos; y 2. El teatro evoca la ficcionalidad de la historia, un ejercicio de metanarrativa que esquiva romper la cuarta pared. Es como si el monólogo final de Puck en Sueño de una noche de verano de William Shakespeare se hubiera puesto desde el principio. Todo es mentira/ficción, como una obra de teatro, y dentro de esta ficción podemos aceptar premisas increíbles o absurdas. Esto último es importante, porque nos ayuda a meternos en el tono de la obra, el cual es poco ortodoxo.

Los nombres de los personajes principales hacen referencia a sus poderes, lo cual entra dentro del tropo de Nombre Significativo pero, al ser nombres en castellano, tiene un aire de absurdo típico de cómics de JAN o Francisco Ibañez, donde el humor entra en la parodia por la parodia, pero el tono de la historia no es cómico, sino serio. Esta dualidad se da también en el aspecto gráfico y se acentúa aun más cuando lo pones en contraposición a la historia. Un estilo de dibujo a medio camino entre el manga y el cartoon para un género puramente occidental americano. Esta obra coge elementos opuestos y los mezcla para llegar a lugares comunes.

Todo esto lo sacamos solo prestando atención a los elementos visuales del prólogo. Si ya entramos en el diálogo, nos encontramos ya en la primera página referencias a Leonardo Da Vinci y los hermanos Wright. Inventores que diseñaron artefactos voladores. En este punto, nos remitimos al título: El efecto Ícaro. Aquellas personas que conozcan un poco de mitología griega, sabrán que Ícaro era el hijo del ingeniero Dédalo, quien para salir del laberinto creó unas alas con cera y plumas. Antes de echar al vuelo le indicó a su hijo que no podía volar muy bajo, porque si lo hacía, perdería fuerza y caería al mar, pero que tampoco podía volar muy alto, si no el sol derretiría la  cera de sus alas. Ícaro, caracterizado en la mitología como muy impulsivo, desoyó los consejos de su padre y quiso llegar a lo más alto, haciendo que su caída fuera a un mayor.

Solo con una página del prólogo ya tenemos la premisa, el tono y el tema de la historia.

Pasamos al primer capítulo: Entrevista con el ladrón (título que, sin duda, es un guiño a la famosa novela de Anne Rice). En este capítulo se nos presenta a Murphy, un tahúr un tanto histriónico, que es interrogado por las fuerzas del orden. El lector va descubriendo cosas de este mundo a través del testimonio de Murphy, pero la información es dudosa pues, como hemos dicho, antes Murphy era un tahúr. El propio interrogador anota y tacha datos constantemente.

Este capítulo da paso al segundo, donde nos hablan de Don Gregorio, un atleta olímpico jubilado con demencia senil (o enfermedad de Alzheimer, no se concreta en la historia) que desarrolla poderes de supervelocidad.

Si el prólogo de cuatro páginas no habló de la premisa, tono y tema; esta historia nos muestra dos nuevos datos: 1. Los poderes de los personajes está relacionado con algún detalle de sus vidas (atletismo – supervelocidad) y 2. Esta historia no va de salvar el mundo y quedarse con la chica, va sobre personas y sus problemas.

Hasta aquí hemos hablado del contenido y tratamiento, pero qué ocurre con la parte técnica. Ya he hablado del estilo de dibujo y la narrativa está muy bien. La historia sabe ser tensa cuando tiene que ser tensa y dinámica cuando tiene que ser dinámica, sin que sea muy brusco el cambio. La estructura y composición están a medio camino entre el cómic americano y el japonés sin que chirríe, y hasta se permiten introducir una doble splash page.

Puede que las únicas pegas formales que le puedo dar es el introducir el prólogo y algunos capítulos desde la página par (cosa poco común) y la diferencia de extensión de los capítulos (el primer capítulo cuenta con cinco páginas, mientras que el segundo tiene un total de dieciséis) pero si habéis prestado atención a esta reseña, El efecto Ícaro es un cómic de contrarios y contrastes.

En resumen, El efecto Ícaro es un cómic que posee el espíritu de los fanzines de los 90, de hacer cómics por pura diversión, con la intención de hacer algo con estilo propio, sin tomarse en serio a sí mismo, pero en su justa medida.

[1] Nota del autor: yo, por ejemplo, usaría la telepatía para dominar el mundo. Espera… ¿Esto va a salir en el artículo final?

Rafagast

Escrito por Rafagast.

Rafael Verdejo Román, alias Rafagast. Nacido en Granada, pero con unas profundas raíces almerienses y burgalesas. Supo que quería dedicarse a escribir cuando leyó El Corazón Delator de Edgar Alan…

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1 Comments

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    Jonathan

    Como dibujante del cómic, os doy la gracias por la reseña. El segundo tomo va al timón de Sergio al 100%, pero siempre es un honor recibir una crítica tan bien construida como esta, que te señala tus defectos y te aplaude tus virtudes. Siempre hay cosas que aprender y mejorar, muchísimas gracias de verdad!!

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