1740: San Agustín, de Daniel Torrado


San Agustín de la Florida es la ciudad más antigua de los actuales Estados Unidos de América. Fundada por Pedro Menéndez de Avilés el 8 de septiembre de 1565, con autorización real, con el fin de controlar el territorio de la Corona española. Ni los ataques franceses, ni los corsarios y piratas ingleses como Francis Drake, que arrasó la ciudad, o Robert Searle y John Davis, que la atacaron ochenta y dos años después, acabaron con la voluntad española de mantener su presencia en la Florida. Acechada por ingleses desde Virginia y las Carolinas por el norte, y por franceses desde Luisiana, se hizo necesario construir la fortaleza de San Marcos para su defensa. Las obras empezaron en 1672 y se finalizó en 1695. Resultó una fortaleza inexpugnable, de coquina, una roca caliza formada por conchas que absorbía la fuerza de los impactos de proyectiles, y no se destruía.

El fuerte de la Gracia Real de Santa Teresa de Mosé, o simplemente fuerte Mosé, construido en 1738, se ubicaba a pocos quilómetros al norte de San Agustín. Era un fuerte fronterizo, y primera población legal de negros libres de América. El fuerte Mosé se fundó a raíz de una cédula real que decretaba que, a los esclavos que huyesen de territorio inglés, se les concedía la libertad en territorio español, si abrazaban la fe cristiana y se comprometían a luchar en la defensa del reino. De este modo, mucho esclavos de las plantaciones de algodón inglesas, huían hacia territorio español, nutriendo a la exigua población. Por ello, actualmente, el fuerte Mosé está considerado como un lugar de gran importancia en la historia afroamericana de los Estados Unidos. En la actualidad apenas existen algunos restos de lo que fue, pero el estado de Florida lo declaró, en 1994, Monumento Histórico. En 2009, se incluyó al fuerte Mosé como sitio precursor del National Underground Railroad Network to Freedom. En el lugar se representa la “batalla de Bloddy Mose” y cerca se ha construido un museo temático.

En 1740 los ingleses intentan, por enésima vez, invadir San Agustín y acabar con la molesta presencia española en el territorio. Y en este punto comienza el cómic que publica Cascaborra Ediciones, 1740: San Agustín.

Daniel Torrado, autor de otros cómics históricos como Bernardo de Gálvez. Pensacola 1781, 1805: Trafalgar y 1539: Castelnuovo, nos lleva de nuevo al continente americano en 1740: San Agustín pero, en esta ocasión, lo hace con un enfoque totalmente diferente tanto en el guion como en el dibujo.

Hete aquí un cue nto en el que las princesas no son rubias de manos suaves y modales exquisitos. Un cuento en el que las princesas ni tan solo son princesas, y no necesitan a ningún príncipe que las rescate de ningún dragón…” Así empieza la historia, con un narrador explicándonos un cuento nada habitual, que nos sumerge de lleno en una aventura bélica, pero también de amores y d esamores, de heroicidad pero también de miseria y egoísmo. En definitiva una historia salpicada de personajes ficticios carismáticos y congruentes, que se cruzarán con otros personajes que sí existieron, como el Gobernador de San Agustín Manuel de Montiano, el gobernador de Georgia James Edward Oglethorpe o el capitán de la milicia del fuerte Mosé Francisco Menéndez, entre otros. Enmarcado todo en los hechos históricos que nos conciernen, o sea, el sitio de San Agustín por las tropas del gobernador Oglethorpe.

En las primeras páginas conoceremos al cabo Miguel y a su cuadrilla de soldados desastrosos e inadaptados. Miguel es un soldado más bien poco marcial y, por qué no decirlo, con algo de enchufe, que está estúpidamente enamorado de María. Makena (María en su nombre cristiano) era una esclava de las plantaciones de algodón de los Smith, que logró huir a territorio español y conseguir la libertad. Ahora trabaja como sirvienta para el capitán Salgado. María, a su vez enamorada de Kwamba, el esclavo con el huyó de la plantación y al que el propio Smith hijo, que es cazador de esclavos, atrapó en plena huida y le tiene un especial odio. Pero Kwamba sigue dispuesto a huir de nuevo y reencontrarse con María, huir de la plantación de algodón de la residencia de los Smith, los Smith que tienen viviendo a Evelyn en los establos, como si de una bestia se tratase, por haber tenido una niña mestiza con un esclavo, deshonrando a la familia. Y con este mejunje de historias extrañas que se entrecruzan entre ellas, viviremos el asedio de San Agustín de 1740, pero, sobre todo, las batallas y golpes de mano que se dan en el fuerte Mosé.

En el apartado gráfico Daniel Torrado ha optado por un dibujo menos clásico que en sus anteriores obras. Un estilo más parecido al Cartoon, experimentando con un entintado sencillo pero efectivo, que juega con las masas de negro en sombras y siluetas, y aplicando un color más elaborado que en sus anteriores obras. Respecto al color, y dado que una gran parte de la obra sucede de noche, podemos apreciar cómo se aprovechan la iluminación y las sombras para darle el dramatismo que requiere cada fase de la historia. Si tomamos como referencia las obras previas del autor, podemos asegurar que en esta ha cambiado el estilo notablemente, tanto en el color como en el dibujo.

Y, como nos tiene acostumbrados Cascaborra Ediciones, al final del cómic tenemos un artículo de Francisco García Campa, graduado en Geografía e Historia y licenciado en Derecho, y creador del blog Bellumartis historia militar.

En definitiva, nos encontramos con un grotesco cuento apasionante, de guerra, amor y esclavitud, que no nos dejará indiferentes.

Neuh.

2020