Crowdfundings


Puede que hablar de los crowdfundings, también conocidos en español como «campañas de micromecenazgo», sea una generalización muy burda. Miles de personas vierten todo tipo de proyectos en plataformas como la mundialmente conocida Kickstarter o las nacionales Verkami y Lánzanos esperando conseguir la financiación que necesitan. Ninguna campaña es igual a otra en términos de contenido, género, audiencia objetivo, planteamiento, organización, costes… Teniendo todo esto en cuenta yo sí voy a generalizar pero os pido que a la hora de decidir si contribuir o no en una campaña específica la juzguéis por sus características particulares más allá de lo que pueda comentar/aconsejar yo por aquí.

Para ir calentando motores, voy a compartir con vosotros el principal inconveniente y la principal ventaja de esta vía alternativa de financiación que, además, dan la casualidad de ser uno solo: el crowdfunding ofrece la posibilidad de materializar proyectos vetados por editoriales. Vamos, que de aquí puede salir tanto una obra cojonuda de manos de un autor novel un poco (bastante) kamikaze como una publicación de calidad dudosa producto de un proyecto poco fundado venido a menos en su choque contra la realidad.

Hay muchos motivos por los que una editorial puede rechazar una propuesta y creo que su calidad, tanto argumental como artística, no es más que una de muchas otras características a tener en cuenta como pueden ser la temática, la longitud o el formato. Ya no se trata sólo de publicar buenas obras sino de publicar apuestas seguras, en ediciones que no sean extremadamente costosas, que estén destinadas a un público objetivo amplio que asegure el retorno económico… Esto siempre va a ser un handicap para aquellos que gustan de la experimentación. Pero el caso es que no nos podemos olvidar del factor calidad por lo que es probable que encontremos gran cantidad de obras que no cumplan nuestros requerimientos a la hora de gastar dinero en una publicación.

Actualmente, gracias a las reseñas que pululan por la red inmediatamente después de la salida a la venta de un nuevo cómic (o cualquier otro tipo de producto cultural, en realidad), el que se compra un título a ciegas lo hace por elección propia. Por supuesto, esto también tiene una lectura positiva y otra negativa ya que una no debería dejarse guiar únicamente por reseñas de desconocidos, pero el hecho objetivable es que, cuando participas en un crowdfunding, tiras tu dinero desde la ignorancia más profunda comprando un producto que, muchas veces, ni siquiera existe todavía. Lo que os quiero decir con todo esto es que, a no ser que se trate de la publicación en papel de un webcómic que ya conocéis, el riesgo al participar en una campaña de micromecenazgo es sencillamente ineludible.

Por supuesto, no es éste el único problema que os encontraréis a la hora de participar en un crowdfunding. Un fenómeno frecuente en este tipo de propuesta son las antologías de autoría coral en la que el material de muestra puede no tener nada que ver con el producto final, escogiendo mostrar viñetas de los autores más reconocidos aunque lo hagan con aportaciones breves de muy pocas páginas y no mostrar el trabajo de autores menos célebres que son los que en realidad engrosan el número total de páginas del volumen. Ya sabéis, no es oro todo lo que reluce.

Otro problema muy evidente es el de las publicaciones que no se empiezan a producir hasta que ha finalizado la campaña, en estos casos, directamente se vende humo y el resultado final puede distar mucho de la imagen mental que se había hecho cada patrocinador en el momento de aportar. En más de una ocasión he visto polémica respecto al aspecto final de la obra (patrocinadores que esperaban un cómic y obtuvieron una novela ilustrada) o, aún peor, de su contenido (homófobos exigiendo que les devolviesen el dinero porque aparece algún personaje LGTB en el producto final y no venía explícitamente avisado durante la campaña). Relacionado con esto, puede llegar a pasar mucho, y cuando digo “mucho” es MUCHO, tiempo desde que pagáis por el tomo que os interesa hasta que se produce, se edita y, finalmente, se envía y lo vais a buscar a la oficina más próxima porque da la casualidad que no estabais en casa cuando os llevaron el paquete. En mi caso, ha llegado a pasar más de un año hasta que he recibido ciertas recompensas y cuando se llega a ese extremo es que ya ni te acuerdas de que participaste. Esto es algo que hay que asumir y que se manifiesta con especial relevancia ante las nuevas propuestas de Spaceman Project en la que los tiempos de producción son especialmente elevados. Eso sí, lo que más rabia da es cuando hace un año que pagaste, sigues esperando y ves que los autores van vendiendo ejemplares en convenciones o en su página web. Por supuesto, hay circunstancias y circunstancias y no se puede comparar un preorder a pequeña escala con una campaña internacional en la que se han movido miles de dólares.

Aunque, para mí, lo peor que os puede pasar, con diferencia, al participar en un crowdfunding es que termine la campaña de recaudación sin éxito y os quedéis esperando para toda la eternidad un producto que ni existe ni existirá jamás. De esas cosas para no desearle ni a tu peor enemigo.

Dicho todo esto, voy a pasar a comentar las ventajas e inconvenientes específicos de utilizar este tipo de plataformas en función de si son nacionales o internacionales. Voy a empezar hablando de las plataformas Verkami y Lánzanos, más cercanas, con objetivos modestos, y con muchos puntos a favor respecto al monstruo que es Kickstarter.

Por muy perogrullada que pueda sonar, una ventaja que ofrecen estas plataformas es que los autores que las escogen son necesariamente españoles por lo que:

  1. Su proyecto (probablemente) estará en español (un hurra para aquellos a los que se os resiste el inglés).
  2. Es posible que una vez editado el producto, lo meneen un poco por la geografía española, asistiendo al menos a los eventos más cañeros de cómic ¡y de autoedición! (como tanto se hace en esta casa) con lo que os ahorraréis los gastos de envío (vais a entender por qué doy tanta importancia a esto cuando lleguéis a la parte intercontinental).
  3. Va a existir cierta proximidad autor-mecenas, la comunicación (normalmente) será más fluida tanto porque no va a haber barrera idiomática como porque, lamentablemente (aunque aquí lo resalte como punto a favor), habrá menos mecenas así que será asumible dirigirse personalmente a todos los que tengan alguna duda.

verkami

Quiero recalcar que mi experiencia participando en este tipo de campañas limitadas al territorio nacional siempre ha sido satisfactoria en el sentido de que he recibido todas las recompensas en el tiempo estipulado.

En cuanto a Kickstarter… nuevamente lo primero que tengo que destacar es bueno o malo según se mire: hay demasiadas obras. Pero cuando digo demasiadas, es DEMASIADAS. A los aficionados al mundillo ya nos pasa que tenemos que lidiar con listas de la compra infinitas y eternas que no hacen más que alargarse con el tiempo pero al menos se tiene la potestad de decidir cuándo comprar uno u otro título. Con Kickstarter pasa que sólo tenéis 40 días para tomar esa decisión por lo que las probabilidades de acabar terriblemente arrepentidos de haber comprado o dejado de comprar algo se multiplican por mil. Depende de cómo os combine, no vais a poder esperar a fin de mes o a cobrar el último encargo, si no tenéis liquidez os habéis quedado sin y punto. En la captura de pantalla podéis ver todos los proyectos que favoriteé en un lapso de tan sólo tres meses, de esos dieciséis al final sólo me pude permitir hacerme con tres de ellos y uno fue en su versión digital.

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Siguiendo con las paradojas, algo muy bueno para los autores y no tan bueno para los lectores es que en Estados Unidos (cuna de una gran mayoría de proyectos) el oficio de artista de cómic está mejor valorado, por lo que se paga más a los autores, el producto final se encarece y el valor absoluto de la aportación económica necesaria para conseguir la obra puede tirar de espaldas a más de uno. Pero es que claro, no podéis valorar si participar o no en un crowdfunding sólo por el precio de la edición física de este cómic que parece tan prometedor, es que vais a tener que pagar también los temibles gastos de envío. No exagero si digo que en más de una ocasión los gastos de envío han superado el valor del propio producto que quería adquirir (nunca más os quejaréis de las tarifas de Correos, bueno, a quién vamos a engañar, sí lo haréis, pero no con tanto énfasis). Pero aún os puede pasar algo peor, que directamente no exista la posibilidad de envío para ciertos países (y España va a estar en la lista negra, ya os lo digo) y se os quede una cara de incredulidad absoluta cuando por fin habíais decidido dejaros el sueldo del mes.

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Eso sí, de tanto en tanto os encontráis con un alma bondadosa y caritativa que no os cobra ni un céntimo de más a pesar de vivir en la otra punta del mundo.

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Volviendo a lo que comentaba hace un rato sobre las ventajas de Verkami o Lánzanos está el tema de la comunicación/proximidad con los creadores de la campaña. Si tenéis mala suerte, puede pasaros que empiecen a dar largas o, directamente, que desaparezcan del mapa durante meses después de haberse retrasado inaceptablemente respecto a la fecha estimada de finalización y envío de las recompensas. Evidentemente, esto puede pasar en cualquier parte, pero al ser Kickstarter tan masivo es mucho más fácil que se pierda alguna aguja en el pajar.

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Para terminar la entrada y dirigirme un poquito a los creadores más que a los lectores (un sesgo del que no me libro como lectora que soy) me gustaría recordaros que, por muchas ventajas que ofrezca, el crowdfunding no deja de ser una manera cool de promocionar y financiar un producto a lo grande pero que, si no os veis con ánimo de meteros en tal embarrado, siempre podéis recurrir a la creación a demanda por medio de preorders como ya he visto hacer a dos autoras de este colectivo: Sara H. Randt y Faye.


Epílogo especial para sadomasoquistas: Kickstarter tiene una funcionalidad muy apañada que te permite ver qué proyectos ha patrocinado cierto autor, es decir, que puedes ver qué le ha gustado al autor que te gusta a ti. ¿Lo malo? Que lo normal es que esto te permita exclusivamente dar con campañas ya finalizadas, a veces incluso hace años, así que no suele haber manera de conseguir dicho título porque sólo se editaron los ejemplares para los mecenas o el stock sobrante se agotó rápidamente sin visos a reeditar nada claro.

Kuroi

Escrito por Kuroi.

Kuroi (para los internautas) reseña cómics, libros, películas y series de televisión desde julio de 2011. Helena (para sus amigos y su jefa) revisa artículos científicos como parte de su doctorado en biomedicina desde septiembre de 2014. Pretende hacerse llamar también “the reviewer” aprovechando que el término review en inglés hace referencia a esta dualidad de reseñar/revisar que constituye aquello que no es un hobby para ella.